domingo, 13 de mayo de 2018


SOBRE ASTRONOMÍA EN PROCYON

Resulta fascinante comprobar cómo año tras año va creciendo la lista de exoplanetas que la comunidad astronómica ha ido detectando y catalogando en las estrellas más próximas y no tan próximas a nuestro Sol. En el momento que escribo esto, ya se han superado ampliamente los cuatro mil y la cosa va en aumento a medida que enviamos al espacio sondas y telescopios cada vez con mayor poder de resolución.
Empieza a resultar obvio que los sistemas planetarios como el nuestro no son ni una rareza ni un capricho del azar cósmico sino lo más común en el universo: la inmensa mayoría de las estrellas poseen un cortejo de planetas y planetoides que las acompaña. Lo cierto es que desde que se admitió como válida la hipótesis de la “nebulosa planetaria” como origen del Sol y del conjunto de sus planetas, debería haber sido evidente que otras muchas estrellas se formaron de la misma manera y que, por tanto, también deberían tener planetas orbitando a su alrededor.
De momento solo se están localizando planetas gaseosos de tamaño considerable (tipo Júpiter o Neptuno) o bien planetas rocosos, bastante más grandes que nuestro pequeño mundo (supertierras), pero cuya órbita esté situada de tal manera que nos permita su detección (desde nuestra perspectiva, el planeta ha de pasar por delante de su estrella, eclipsándola parcialmente, para que podamos descubrirlo). Supongo que en años venideros, cuando aumentemos la precisión de nuestros telescopios espaciales, la lista de exoplanetas crecerá como la espuma y podremos establecer un completo catálogo de los sistemas planetarios vecinos (si bien es cierto que nuestro propio Sistema Solar dista mucho de estar definitivamente descrito).
En la serie Procyon intento reflejar (echándole imaginación pero sin perder de vista los conocimientos científicos actuales para que resulte factible), cómo podrían ser los 12 sistemas planetarios más cercanos al nuestro o, mejor dicho, los más próximos al Sistema Solidarity (donde se encuentra la capital, Babilonia), que estaría situado en una posición más o menos central en la Federación, con el Sistema Solar en un extremo y el Sistema Liberty (donde se inicia la aventura de la serie), en el otro.
Suponiendo que la distancia media entre dos estrellas contiguas es de unos 4 años luz, la Federación bien podría abarcar 15 ó 20 años luz de un extremo a otro, lo que no está nada mal.
Los mapas de algunos de estos sistemas planetarios ya fueron publicados en los libros de la serie regular y otros los estáis viendo en este blog. En ellos intento reflejar una gran variedad de planetas, satélites y otros objetos estelares, naturales o de fabricación humana. Como ya expliqué en otro de estos artículos, asumo que en muchos de los planetas que orbitan a la distancia adecuada de su estrella para mantener el agua en estado líquido (la llamada “zona habitable” o, como jocosamente denominan los astrónomos “zona ricitos de oro” por aquello de que no está “ni muy fría ni muy caliente”), ha aparecido la vida. Bien es cierto que también podría desarrollarse vida en algunos satélites de los planetas gigantes gaseosos situados en zonas muy frías ya que las fuerzas de marea gravitatoria de éstos permiten la existencia de océanos líquidos bajo la superficie congelada de sus lunas (el caso de Europa en Júpiter, por ejemplo).
También he asumido que la tecnología del siglo XXV será capaz de construir enormes estaciones espaciales (aunque solo se utilicen como casinos itinerantes o platós de cine), alterar las órbitas de algunos asteroides para colocarlos donde convenga, llevar cometas de hielo a los planetas donde se les necesite, terraformar planetas muertos e instalar gigantescas “líneas de transporte” (la famosa “Snow White Express” del libro 2).
Por motivos de coherencia interna de la obra, solo nombraré aquellos astros que tengan que ver con la trama de la serie (aunque solo sea de forma tangencial, porque allí nació algún presidente de la Federación o algo así). No daré listas completas de todos los satélites, asteroides y cometas de cada sistema planetario porque no vendría al caso y haría más farragosa la lectura (que ya lo es bastante, caramba).
Una última consideración: Qué más querría yo que poder introducir en la serie ominosos agujeros negros, espectaculares púlsares binarios o centelleantes explosiones de supernovas que tanto juego han dado en la Ciencia-ficción de todos los tiempos... pero el hecho incontestable es que NO EXISTE NADA DE ESO EN LAS PROXIMIDADES DEL SISTEMA SOLAR, lo cual, bien pensado, es una suerte, ¿no?

R.MACHUCA-2018